“Cuervos blancos palomas negras” de Antonio Guisado

Título: Cuervos blancos palomas negras.

Autor: Antornio Guisado.

Autopublicado.

Género/s: Contemporánea, suspense, autobiográfico, ficción.

Nº de páginas: 383.

Autoconclusivo.

Sin título-5 Sinopsis Sin título-5

«Al parecer debía escribir algo que les advierta sobre lo que se cuenta entre el título y las tres letras del final. Es más, me veo obligado, ya lo entenderán. Una contraportada vacía es difícil de digerir; casi tan difícil como escribir un buen principio, no digamos un libro. Siempre he pensado que en una novela es importante un principio de esos buenos. Ya saben, una o dos de esas frases acertadas e impactantes que perduran; de esas que se quedan y enganchan, que invitan a seguir leyendo. A veces no hace falta más. No corran, este no es el caso. Es casi, casi tan difícil como elegir un buen título. Así que lo único que me atrevo a prometerles es que si consiguen acopiar una mínima fuerza de voluntad para continuar tras ese primer par de párrafos, me acompañarán sin remedio y bucearán en la historia arañando páginas, y querrán saber, saber toda la verdad, y hasta quizás cerrarán el libro o lector con vehemencia para salir a buscarme mientras aún rebote en el sillón, a mí, el narrador de esta historia, para soltarme un par de cosas a la cara, sean palabras o no; o igual me comprenden y se ponen en mi lugar, y hasta nos fundimos en un abrazo cómplice. Total, yo podría ser cualquiera de ustedes. ¿No les basta? El caso es que no tengo del todo claro cómo anticiparles lo que leerán. Ya me cuentan ustedes.

Jo, supongo que si quitamos la paja podría decirse que es la historia de cuatro amigos a quienes se les torció la vida.

Una novela que sorprende, inquieta, desconcierta y no deja indiferente; un protagonista al que no sabrán si amar u odiar; unos personajes entre los que elegirán para reflejarse. Sangre; sexo; cárcel; actualidad; negocios; maldad; humor; lujuria; amistad; traición; muerte… y vida. Una novela de la que agradecerán no saber más hasta devorarla.»

Sin título-5 Opinión PersonalSin título-5

Una noche. Unas horas. Un instante. Eso es suficiente para que tu vida de un vuelco de 180º. No es algo gradual y que permita adaptarte, poco a poco, a las circunstancias, no. Antonio Guisado, a través de la piel de Emilio, Emi para los amigos, nos demuestra que solo hace falta un parpadeo, una acción, una decisión, para que tu vida, tal como la conocías, cambie radicalmente.

Nos ubicamos en Sevilla, ciudad española donde nuestro protagonista indiscutible y narrador, vivirá su propia odisea, su sorprendente autoconocimiento. Todo comienza de la manera más simple y común: un reencuentro con viejos amigos. Choco, Julio, Mario, Gloria, Andrés, Sophie, Emilio… Apodos, anécdotas, alcohol, risas. ¿A alguien le suena la escena? ¿No es la misma que hemos vivido todos alguna vez cualquier fin de semana por la noche? Y, como en muchas ocasiones, ante el inminente cierre y tras el buen rato, unos quieren continuar la fiesta, mientras otros desean replegarse. La primera incisión, la primera decisión. El grupo se divide, sin que ellos lo sepan, esa vez para siempre.

Nosotros, de la mano de Emilio, nos vamos con él a continuar conociendo la noche sevillana. “La Cebolla” es nuestra parada y, como en Las Vegas, lo que ocurre en el club selecto, se queda dentro.

Ah, ¿sí? ¿Se queda dentro? ¿La noche no tendrá consecuencias? ¿De verdad?

Lo que parecía una historia cotidiana de unos amigos desmadrándose, resulta no ser la pieza central del libro. Antonio, nuestro autor, no ha venido a contarnos las bondades de la ciudad de Sevilla y su fiesta, no nos presenta con benevolencia naíf a nuestros personajes divirtiéndose, no. Esa noche es, únicamente, el punto de inflexión de unas vidas que podrían ser como la tuya o la mía y, que para bien o para mal, darán paso a una consciencia del “yo” mucho más profunda y oscura de la que cualquiera querría conocer.

“Cuevos blancos, palomas negras” está narrada en primera persona por Emilio, en una historia que podemos dividir de forma palpable en tres actos. Una suerte de biografía que el personaje lleva a cabo y, que solo al final, cuenta con un epílogo en tercera persona que nos permite una óptica externa y más objetiva que en el resto del libro.

Emilio es un narrador que, honestamente, no busca empatizar con el lector, no del todo, pero sin duda es imposible no verse reflejado en él o, al menos, en sus reflexiones. Se permite rendirse a la divagación, pero, lejos de sacarte de la historia, te permite ser consciente de hasta que punto estás interiorizado dentro de su mente. Se deja arrastrar por su torrente de pensamientos, sí, y nos lleva a nosotros con él. Si no fuese por que no deja de observar una y otra vez este hecho, nos envolvería muy fácilmente sin necesitar una disculpa por su parte.

La novela, a través de su voz, aunque tenga su trama bien ensamblada, hace que lo importante no sean las acciones en sí, sino como actúa y piensa Emilio ante ellas. Él es un hombre catalogado de normal, que, por supuesto, saludaría al vecino en el portal y aspiraría a una rutina acomodada y tranquila, pero que, al verse contra las cuerdas, se transforma. Bueno, ¿realmente lo hace? Por cómo se enfrenta a las vicisitudes que van surgiendo, nos hace entender el título acertado del libro: “Cuervos blancos, palomas negras”. No hay nada puro, no hay nada monstruosamente malo. Para bien o para mal, nos regimos por una escala de grises que condicionan nuestra naturaleza humana y, en esa paleta, nos acercamos más a los conceptos que aceptamos de bondad o malicia según nuestras decisiones. Con Emilio comprobamos hasta donde podemos llegar por mera supervivencia, lo que estamos dispuestos a perder.

No es un personaje simpático, no creo que nadie pudiese decir abiertamente que le cayese bien, pero nos enseña una valiosa lección y, lo más importante, es honesto. Es un matiz importante, pues él se vuelca al escribir, sin tapujos y sin paños calientes: lo vergonzoso y lamentable, los extremos, lo bueno, lo brillante. Podemos juzgarle, por supuesto, y él se somete a ese examen, pero esa vara de medir se debería aplicar a la oscuridad que todos albergamos en nuestro interior, esa parte intermedia de grises que a veces es incómoda de mirar a la cara, porque bajo nuestros: “Pero ¿cómo puede hacer esto? ¿Cómo puede plantearse aquello? ¿Por qué no terminar con eso?”, sabemos que, en el fondo, entendemos esa naturaleza primitiva de aguantar un día más sea como sea, pagando cualquier precio. No somos Emilio, claro que no, pero ¿podríamos llegar a serlo?

A lo largo de la narración nos movemos entre secretos, traiciones, deslealtades y brutalidad, pero también entre el ingenio, la ruda sinceridad, la verdad. Saboreamos un momento inconsciente de placer a cambio de, después la consecuencia dura y real de éste. Estamos en un bar con amigos, en la cárcel, en la constante cuerda floja, en el miedo y la resignación.

La pluma de Antonio Guisado es muy amena, la voz y palabras cotidianas de un hombre joven como Emilio en el papel facilitan una inmersión en la historia. Le entendemos, compartamos o no lo hace o deja de hacer.

Usa un vocabulario de a pie, muy coloquial y cercano, con referencias a un básico mundo cultural que todos reconocemos fácilmente, tanto cinéfilo como literario.

Lo único que resaltaría a la hora de tener el libro en las manos sería su formato. Los márgenes a veces no responden a un patrón, dejando cierta sensación caótica a la hora de visualizar la página, que, si bien no dificulta la narración, si llama la atención.

Hay que añadir que en este caso se trata de la primera edición, por lo que tenemos entendido, este tipo de detalles ha sido corregido en las siguientes para mayor placer de los lectores de esta impactante y recomendable novela.

Sin título-5 Puntuación Sin título-5

Puntuación calcetín 4


Agradecimientos a Antonio Guisado por hacernos llegar su historia y, sobre todo, por la paciencia que ha tenido para ver escrita esta reseña debido a la situación actual que ha alterado todas las agendas y calendarios posibles, pero que ni por esas ha podido hacer nos olvidemos de Emilio y el vuelco de su vida.

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