“Esa nube tiene forma de oveja” de Elena Álvarez Rodríguez

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Título: Esa nube tiene forma de oveja.

Autores: Elena Álvarez Rodríguez.

Editorial: letrame Grupo Editorial.

Género/s: Novela histórica, realista.

Nº de páginas: 326.

Autoconclusivo. 

 

Sin título-5 Sinopsis Sin título-5

Berlín es en 1961 el único punto por el que aún se puede cruzar entre las dos Alemanias. Jutta Vogel vive con su familia en el Berlín Este y cree firmemente que si se mudaran al otro lado de la frontera, podrían garantizarle a su hija Heike, que nació sorda, más seguridad y oportunidades. Sin embargo, Dieter, su marido, no da crédito a los rumores que afirman que las fronteras no seguirán abiertas por mucho más tiempo y se niega a abandonarlo todo para perseguir un sueño que considera poco realista. Cuando Jutta toma la decisión de marcharse por su cuenta, no imagina que tan solo dos días después, de la noche a la mañana, se levantará el Muro de Berlín, separándola permanentemente de su familia. Si vuelve atrás, no podrá volver a cruzar, pero si se queda en el oeste, perderá a sus hijos. Entretanto, todavía al otro lado, Dieter se enfrenta a la disyuntiva similar: ¿intentará cruzar o esperará a que la situación se calme? Lo que no sospecha es que ese muro presidirá sus vidas durante los siguientes veintiocho años.

 

Sin título-5 Opinión Personal Sin título-5

Los Vogel son los protagonistas de esta historia, sí, pero ellos son el reflejo de todos los matices de una sociedad rota y reprimida, partida en dos. Elena Álvarez nos remonta a un Berlín dividido, aun sin muro, pero donde las diferencias entre el Este y el Oeste ya son notables. Cualquiera puede tomar un tren e ir de un lado a otro, es cierto, pero dos muchachas de la misma edad son diametralmente opuestas entre una zona y otra. O, al menos, esa es la impresión que se causan mutuamente.

La familia Vogel no siempre ha vivido en Berlín, se tomó esa decisión por su hija Heike. Estar en la ciudad fronteriza, a priori, le brindaría más oportunidades a la pequeña. Jutta, su madre, teme por ella. La sordera de su hija es un estigma, y se esfuerza mucho porque ésta sea capaz de expresarse a viva voz, que entienda sin necesidad del lenguaje de signos que ella misma le ha enseñado. Dieter, su padre, músico de profesión, no ha pasado por las experiencias de Jutta, cuya tía era sorda, y quizá no comprende hasta que punto esta discapacidad puede volverse contra Heike. Por eso no entiende la desesperación de Jutta por sacar a sus hijos, Heike y su hermano Niels, de ese lado de Berlín para vivir en el lado occidental. ¿Pero porqué renunciar a toda la vida que han podido construir los Vogel en el oriental? ¿No se da cuenta Jutta de lo complicado que es empezar de cero? Que las cosas están controladas, que están bien. Al final, la matriarca decide por todos. Se sube a un tren y, tras dejar una nota, se convertirá en el impulso que necesita su familia para cruzar al otro lado. O eso cree. Dieter no la sigue, quizá lo hubiese hecho de tener tiempo, pero es precisamente de eso de lo que carece. Una noche. Solo una noche y eso es suficiente para separarlos durante más de veinte años. El Muro de Berlín se construye con Jutta descansando en una incómoda cama en el Oeste y Dieter y los niños en su casa en el Este.

Con esta premisa nos enfrentamos a una historia dura. Al desamparo, al miedo, a la resignación, a la desesperación y, también, en fugaces momentos, a un brote de felicidad. Preparar un café en la cocina para los tuyos, aunque vivas en una represión, puede ser un instante asombrosamente cálido. Y esta novela está cargada de estas sensaciones.

Elena Álvarez nos muestra una realidad construida en una etapa histórica que entrañó un auténtico terror. Miles de familias se vieron separadas, gente que no disponía de ninguna libertad para salir ni para entrar, condenados a permanecer y sobrevivir, cada uno con un pedazo de su corazón a cuestas. Una sociedad que se refleja en los Vogel.

Gracias a Jutta, que a priori disfruta de libertad en el lado oeste, descubrimos lo que significa estar sola. Si bien termina por desenvolverse, su primer contacto con occidente es en calidad de refugiada. Lejos de lo que se pueda pensar, no es un consuelo saber que hay muchas personas en la misma situación, y menos aun saber que en parte es responsable de haberse visto separada de su familia. Nunca fue más cierto el “ahora o nunca”. Pero cruzó sola. El desasosiego inicial que vivimos junto a Jutta, la noticia de la construcción física y perdurable de esa frontera con su familia resulta un choque brutal.

Dieter y los niños, por su parte, se ven arrinconados. De alguna forma, son abandonados. El padre a solas con sus hijos en una porción de ciudad en la que aun no conocen a nadie. Sin Jutta. El corazón roto de Dieter se desangra a través de las páginas de “Esa nube tiene forma de oveja” y si sobrevive, si sus lágrimas no tienen el duelo más largo, es porque debe hacerse cargo de alguien. Enfrentarse a unos niños que preguntan por su madre es duro, pero Heike se lo hará más llevadero con sus ocurrencias. La pequeña, que irá creciendo a lo largo de la historia, nos irá dando una lección de fortaleza. No por su dureza, sino por su dulzura. Sin embargo, también pasa momentos terribles. Con la vida adulta llega la consciencia de los auténticos inconvenientes sociales que supone su incapacidad de oír. Lo que significa. La condena. O, al menos, ella llega a tener visos de percibirlo así. Pero curiosamente, incluso en sus malos momentos, vuelve a levantarse de la cama. Niels, por su parte, hereda la rebeldía de Jutta. El otro lado le llama, al principio como los sueños de un chaval con sus colegas, caminando junto al Muro en el que hombres con armas de fuego hacen guardia. No puede pasar. Está atrapado, está atrapado, está atrapado. Y durante un tiempo puede vivir con ello. Llegará un punto que, todo en su contra, niño abandonado, hombre enjaulado, a disgusto con todo y todos, tratará de cruzar. Es la ira de una generación. Explosiva, visceral e impulsiva.

Pero, por supuesto, el auténtico protagonista de esta historia no tiene un nombre propio. No es ninguno de los Vogel, ni siquiera la familia… sino el Muro de Berlín. Todo lleva a él, todo gira en torno a él. A su nacimiento, a su vida y a su caída. Elena nos toma de la mano y nos guía a través de su historia, con la visión de los Vogel, pero sin apartarse del esqueleto que da forma a esta novela.

Una de las cosas más originales de la historia es, sin duda, la voz narradora. Ninguno de los Vogel habla como narrador, pese a ser su historia. Es alguien mucho más joven, que, sin embargo, marcará la vida de cada uno de ellos.

No solo eso es refrescante, también como la autora ha enfocado contar la historia. Nos encontramos ante capítulos que se basan en unas cartas iniciales que dan forma y paso a los párrafos narrativos. Una epístola escrita por Jutta en el presente de la historia, por ejemplo, nos llevan a un capítulo que narra su pasado. Esta mezcla epistolar y narración funciona muy bien.

Hay una sola cosa que destacaría con cierto reparo y es la división de párrafos del libro. El texto parece constreñido en la página y, visualmente, resulta mas agotador a la hora de leer, puesto que no es cómodo para detener la lectura hasta finalizar uno de los capítulos. Sin embargo, he de decir que el flujo de la propia historia hace que se devore.

Elena se toma una molestia más durante su obra, algo que yo, personalmente, he agradecido enormemente: el libro dispone de un glosario. Puesto que es una época histórica pasada, aunque notablemente conocida, la autora no duda en poner en manifiesto los conocimientos que se puedan escapar al lector para que en ningún momento pueda perderse durante la trama. Políticos, partidos, nombres de cuerpos de seguridad… incluso palabras en alemán que ha usado en nombres de objetos comunes de allí. Esto le da una verosimilitud a la historia, un realismo, que nos permite disfrutar más la novela.

Goza de una pluma muy amena, pero lapidaria. Elena sabe lo que está contando, el material delicado que maneja. Le ha puesto mimo, cuidado y respeto. Se nota que hay un trabajo de documentación detrás muy intenso, pero, no solo eso, hay un equilibrio en la complejidad de sentimientos que maneja en cada miembro de la familia con una narración amena, fácil se seguir. Es muy armonioso.

Descubrir esta cara de la historia es duro, incluso cruel. Nos muestra no solo la naturaleza humana de los que han sufrido las consecuencias del Muro, sino también de aquellos que estuvieron custodiándolo. De los que trataron de franquearlo, de los que lo lograron… y los que no. De cómo, realmente, todo el mundo perdió.

 

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Puntuación calcetín 5

 


Agradecemos a Elena el haberse interesado en este blog para reseñar “Esa nube tiene forma de oveja”, dándonos una lección de historia y de humanidad a partes iguales, permitiéndonos acercarnos a una familia que retratará el miedo, el perdón, el rencor y, sobre todo, la supervivencia. Muchas gracias por la ingenuidad de Heike, el carácter de Niels, la paciencia de Dieter y la rebeldía de Jutta. Gracias por representar en una familia a una sociedad entera.

4 comentarios sobre ““Esa nube tiene forma de oveja” de Elena Álvarez Rodríguez

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  1. Vale, este libro me persigue. Ayer mismo lo vi en el blog de “La pecera de Raquel” y ahora me lo encuentro aquí… Y encima con una reseña positivísima. Sin duda es una señal para que lo lea ^^
    Un abrazo y felices lecturas :3

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  2. Holas guapas,
    Leí este libro hace unos días y aún no he subido la reseña, mal por mi parte que así olvido alguno detalles importantes, menos mal que os tengo a vosotras.
    Coincido con vosotras en el tema de la novela, en la narración de la escritora, a mí también me ha encantado como escribe Elena, no me esperaba algo así, yo le pondría un 5 si no fuera por, como decís vosotras cositas de edición que hay que tener en cuenta. Todo puntúa en un libro.
    Si os puedo poner un pequeña pega, pero pequeñita en vuestra reseña…, no os lo toméis a mal porfi, es que como lectora que ya ha leído el libro, me parece, desde mi humilde punto de vista, que dais muchos datos que tiene que descubrir un futuro lector, un pelín extensa. Desde el cariño eh?
    Besitos mil.

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  3. He estudiado alemán durante mucho tiempo, así que sé que el Muro de Berlín es uno de los temas más recurrentes en la literatura y el cine de habla germana. Es curioso encontrar algo de esto escrito por alguien de otro país.
    Creo que me gustaría leer este libro. Aparte de que es un tema que me resulta familiar (pero centrado en las vivencias de los personajes, lo cual me gusta aún más), me interesa mucho el tema de la discapacidad de Heike y que sea un ejemplo de fortaleza por seguir siendo dulce a pesar de todos sus problemas. No se ve tan a menudo hoy en día (muy hopepunk).
    Al final os voy a acabar odiando por añadirme más y más cosas a la lista de pendientes, jejeje. ¡Calcetines con la bandera alemana para vosotras!

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