“El último Soñador” de Abigail Villalba

Portada

Título: El último Soñador.

Autor: Abigail Villalba Sánchez.

Autopublicado.

Género/s: Distopía, fantasía.

Nº de páginas: 525.

Autoconclusivo.

 

Sin título-5 Sinopsis Sin título-5

La Hecatombe cambió el mundo. El virus liberado durante la última guerra mundial ha hecho que el ser humano sucumba a una nueva e incontrolable enfermedad: los sentimientos nocivos se han vuelto en contra de sus dueños y ahora los consumen con voracidad, dejando una cáscara vacía. 

Pero aún quedan supervivientes: humanos que han esquivado el virus y que ahora deambulan por un mundo destrozado contando historias de los antiguos Dioses: los Soñadores. 
Más, ¿quiénes son? ¿Es cierto lo que algunos locos cuentan acerca de ellos?  Nadie lo sabe.

Pero en las horas más oscuras y frías, una joven recibirá una extraña visita…

 

Sin título-5 Opinión Personal Sin título-5

Citando la primera parte de una conocida frase de Oscar Wilde: “Es absurdo dividir a la gente en buena y mala […]”. Sé que la cita no se queda ahí pero por si solas, esas palabras, son una realidad. Los seres humanos no tenemos únicamente sentimientos llenos de luz o de oscuridad, somos un compendio de grises que nos dotan de lo que llamamos libre albedrío. Creo que es la lección más importante que nos muestra Abigail Villalba en “El último Soñador”.

Nos enfrentamos a una historia post-apocalíptica. Después del episodio conocido como “Hecatombe”, una guerra mundial sin parangón, la vida en la Tierra cambia drásticamente. Se instauran las ciudades-horno, pequeños puntos de civilización donde el calor de éstos, evitan, parece ser, el virus que condena a los seres humanos. Tras sus muros la vegetación, la vida animal, sigue su curso y se apodera de nuevo de todo aquello que una vez las personas les arrebataron. Apenas queda gente para reclamar y poseer, la población ha mermado considerablemente y aquellos que han sobrevivido (tanto fuera como dentro de estas escasas ciudades) han pagado un precio muy alto: han perdido su humanidad. Son testigos del proceso de consumición de sus más allegados, así como temen el suyo propio. Cuando tus pensamientos solo tienen tintes de desesperación, cuando la angustia apresa tu corazón, cuando en tu interior no hay nada, solo un vacío que lentamente parece quedarse con tu identidad… el virus borra lo que has sido, lo que eres, lo que serás. Un amasijo de carne y huesos sin voluntad. Y todo el mundo lo asume. No es reversible. Una vez ha comenzado, no hay marcha atrás. Te niegas a luchar, resignado y rezas porque acabe… porque no hay forma de escapar de la agonía, de la desesperación y del olvido.

El mundo ha perdido la fe. O, al menos, no se preocupa en creer en ella y en el futuro. Egoístamente, las ciudades-horno como Campamento apenas sienten inquietud por lo que pasa fuera de sus muros, acostumbrados a sus acomodadas vidas y a la seguridad que les proporciona confiar únicamente en que son intocables gracias a los hornos. Los supervivientes que no pueden acceder a ellas no pueden malgastar su valioso tiempo en creer, ni en los dioses ni en las personas. Hace mucho tiempo que se perdió el valor del calor del contacto de unos con otros, se alían para sobrevivir un día más. Es todo lo que importa. Pero por encima de ellos, de todo ser vivo que habita en la Tierra, hay algo. Algo que apenas tiene ya fuerzas. Búho, encerrado, siente ya su fin. ¿Quién es? ¿Qué le sucede? ¿Por qué está tan débil? Son preguntas que circulan por nuestra cabeza durante toda la novela. Sobre todo cuando convierte a Nadia en su dádiva a la humanidad, a sí mismo.

Estamos ante una historia oscura, grotesca e incluso sádica. ¿Qué reglas morales pueden existir cuando el mundo no está al borde del abismo, sino que se ha fundido con él? Hay una desesperación sorda haciendo eco en el interior de los personajes, latente en cada línea que la autora nos regala. Se transmite en la forma de ser de sus protagonistas, en los paisajes que dibuja a su alrededor, en la indiferencia por el sufrimiento por la costumbre de este. Pero hay alguien que rompe este esquema a pesar de sentir miedo, dolor y padecimientos. Nadia es la pieza clave de esta historia aunque curiosamente, no adquiere un peso temporal protagonista mayor que el resto en la novela. Su trama avanza acorde con las demás si bien es la Mesías de esta historia: obra auténticos milagros. ¿Pero qué tiene ella que la haga distinta? Nada. Pierde los papeles, se asusta, la hieren, ríe, siente el peso de la soledad y la ira en su ser, se rompe ante la pérdida de alguien… y se levanta para continuar su vida. Puedes empatizar con ella fácilmente porque no es diferente a ti, a mí. Conserva su humanidad. Esa será su fortaleza.

Pero no solo tenemos a Nadia, junto a su historia, paralelamente irán avanzando el resto de tramas. Un grupo de supervivientes tratando de encontrar un lugar seguro se enfrentará a una misión mayor, una pareja de hombres en una brutal relación unidos por un retorcido trato, una mujer perdida creyendo en un propósito equivocado, una tribu que pierde y recupera su fe… y unas emociones en desuso resurgiendo una vez más sobre la Tierra.

Veremos una constante evolución de los personajes, redescubriéndose como antaño, luchando y pereciendo. Tendremos un sitio en primera fila para atisbar sus momentos más humillantes y desesperados, cuando una persona esta tan rota que aunque se recomponga, los pedazos jamás volverán a encajar igual que antes. Y, sin embargo, seguirán adelante. Para bien y para mal, con sus ventajas y sus consecuencias. Abigail nos muestra lo extremadamente sensibles que somos a la negatividad, como desde una perspectiva más grande, los humanos decidimos nuestro camino y optamos por lo más fácil: consumirnos. Porque hace falta más coraje para levantar la cabeza que para dejarla caer con el peso de los problemas. Pero, también, seremos testigos de como merece la pena luchar.

Personalmente había momentos donde me preguntaba: “¿Es necesario volver a sentir esto? ¿Volver a leer esto?” La respuesta era clara: sí. ¿Cómo voy a sentir la vela extinguida de la esperanza si no lo hago? Son muchas las escenas dramáticas, sucias y grotescas. También las de tristeza, las desgarradoras. Pero gracias a eso te sentías ahí, en aquellas tierras hoscas llenas de peligros humanos y fantásticos. Cuando, de repente, algo cambiaba y hacía “click” en la cabeza de un personaje, en la tuya también sucedía. Cuando un hálito de ternura enciende el corazón de un padre al pensar en su hijo, en la madre de éste. Cuando la presencia animal y leal insufla algo de vida y salvación a una mujer a punto de caer. Cuando un propósito, por primera vez colectivo, genera una alianza. Cuando el recuerdo de un amor del pasado hace que quieras cambiar el mundo, tal y como él te había mostrado que podía pasar. En “El último Soñador” puedes ver como la humanidad vuelve a existir, como el amor, la ilusión y la esperanza aún pueden provocarnos el hormigueo en las entrañas.

Una prosa amena, sí, pero un mensaje lapidario. No hay ni rastro de un lenguaje ornamentado ni rebuscado, por el contrario, como su historia, Abigail se expresa de una forma sencilla aunque con preámbulos. Se detiene en las emociones, en los pensamientos, porque son los cimientos de su novela.  Estamos ante una historia que es el viaje por el lado oscuro de los sentimientos del ser humano, dotados de forma y de vida en un mundo distópico. Pero también de esperanza, de unos destellos de luz en la penumbra. Nos hace bajar al Infierno y verlo a través de los ojos de los personajes para, a su lado, ir escalando para alcanzar algo más… y solo la fuerza de voluntad y la creencia de que todo puede mejorar es lo que nos impulsa a hacer ese esfuerzo, a buscar y a arriesgarnos.

Cabe destacar que nos encontramos ante una novela autopublicada, lo que no ha dejado de sorprenderme. Sí, hay muchas historias así que merecen la pena pero admito que apenas pude encontrar algo que llamase la atención negativamente de la edición. Los pequeños fallos que, como escritor, se te pueden escapar (repeticiones de palabras, la prioridad a X cosas en lugar de otras, el orden de ciertos párrafos o ciertos momentos de la historia, etc.) no me parecieron un caso en Abigail. Los capítulos son largos pero están divididos en varios episodios de las distintas tramas por lo que se pueden leer, prácticamente, independientemente, lo que hacía de la lectura algo ligero y adictivo, pues sabía dónde parar de hablar de unos para dar un salto y continuar la ruta de otros. Es la primera vez que leo a esta autora y considero que sabe escribir, realista, sobre sus personajes y tramas. Crees en el mundo que ha construido, para bien o para mal entiendes a sus personajes y sus motivaciones y sabes que no todas las historias tienen porque tener un final feliz o, al menos, un camino que en este caso, más que salpicado de sombras, es oscuro con destellos alternados de luz.

En situaciones extremas, ¿qué es lo que podemos llegar a tener en nuestro interior? ¿Cómo podemos llegar a ser? La trama de “El último soñador” parece una excusa para enfrentarnos a lo que, a veces, puede llegar a ser muy incómodo responder… pero aún hay cabida para creer que, en la respuesta, hay algo bueno.

 

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Puntuación calcetín 5

 

Sin título-5 Dato Curioso Sin título-5

  • “El último soñador” se encuentra en Amazon y nos demuestra que dar una oportunidad a la autopublicación puede darnos gratas sorpresas.
  • En el Twitter de la autora (@Abiescritora) anclado en su inicio hay un relato de uno de los personajes clave de la historia, en el mismo tiempo que en la novela y que recomiendo leer para conocer su estilo de escritora y, además, entrever esa forma de percibir el mundo del personaje que nos puede hablar mucho de cómo es la novela.

 

 

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4 comentarios sobre ““El último Soñador” de Abigail Villalba

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    1. ¡Muchas gracias!
      ¡Lo cierto es que si te atrae, te recomiendo encarecidamente que le des una oportunidad! Seguro que no te arrepientes 😉 además, necesito comentarlo con más gente (?) jajaja.
      Calcetines para ti ❤ ¡un saludo!

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    1. ¡Si te gusta este género 100% recomendable! Además está bien narrado y construido, de verdad que merece ser leído 😉 ¡me alegro mucho que te haya llamado! Esto es como las varitas… a veces nos escogen ellas a nosotros.
      ¡Muchas gracias por pasarte, calcetines para ti!

      Me gusta

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