“La casa de los artistas” Aintzane Rodríguez

la casa de los artistas

Título: La casa de los artistas.

Autor: Aintzane Rodríguez.

Editorial: Onyx.

Género/s: New adult, Ficción histórica.

Nº de páginas: 370.

Autoconclusivo.

 

 

Sin título-5 Sinopsis Sin título-5

Nueva York
– Años 20 –

La Ley Muda acaba con la música en los Estados Unidos, sumergiendo a los ciudadanos en el silencio más molesto y desolador. Anya Thompson es una joven que lo ha perdido todo menos el miedo, la inseguridad y la rutina.

Jaime Fuentes, por otro lado, es un alocado mexicano que deja todo atrás para cumplir su sueño de convertirse en trompetista; sueño que queda truncado con esa nueva ley. 

Es por eso que Jaime comienza a refugiarse como músico en un club de música ilegal por las noches y como voluntario en un orfanato durante el día acompañado de su mejor amigo Joe.

Joe ha decidido dejar de encerrarse y no desaprovechar ni un minuto de su vida, lo que le impulsa a ayudar a Anya a superar sus miedos mientras se enfrenta a sus propios demonios.

Las vidas de estos tres personajes se unen justo cuando ellos más lo necesitan, lo que obligará a Anya a cambiar su vida, a Jaime a luchar y a Joe a vivir.

 

Sin título-5 Opinión Personal Sin título-5

La premisa que se nos expone en esta sinopsis es cuanto menos interesante. ¿Qué sería de un mundo sin música? Nos guste en mayor o menor medida, la música siempre ha estado presente en la vida de cada uno de nosotros y eso hace que este libro nos atraiga desde la primera frase de su sinopsis.

Una vez nos adentramos en la historia nos damos cuenta de que poco a poco eso que tanto nos atrajo queda en un segundo plano, ya que la ambientación se ve desplazada por los sucesos que rodean a sus protagonistas. La amistad, la familia, las ganas de vivir, la importancia de perseguir los sueños, la lucha contra los miedos, el perdón, la esperanza, la culpabilidad, el arrepentimiento y  el amor se hacen dueños de la obra.

Aintzane con su novela nos muestra la cara que no suele hacer aparición en nuestra mente cuando nos nombran “los felices años 20”, la parte pobre, esa donde las personas con trabajos humildes con suerte podían pagar una habitación individual, esa donde escaseaba el trabajo. Unos años veinte donde el qué dirán marcaba si tenías o no un medio para subsistir, sin importar si eras eficiente, tus esfuerzos o necesidades. Una época en la que mostrar caridad y empatía por los menos afortunados suponía que el resto de la sociedad te diera la espalda y te tachara como indeseable, donde los vecinos se denunciaban unos a otros, sin importar la pena que pudiera suponer para el otro, con tal de tener algo de dinero para resguardarse de las frías calles del Bronx.

Pero poco más podremos averiguar de esta maravillosa ambientación, solapada por los mensajes que trata de transmitir la autora a través de las historias de sus protagonistas, con una prosa sencilla y cuidada que nos hará devorar las páginas sin apenas darnos cuenta de que la historia avanza.

 

En uno de los lugares a los que más cariño cogeremos durante la lectura, el orfanato donde Jaime y Joe son voluntarios, aprenderemos que la familia no son solo esas personas con quienes compartimos unos vínculos de sangre, sino que la familia se elige y te elige, que los que importan son los que están a tu lado en las buenas y en las malas, con los que puedes contar en cualquier situación, los que te tienden una mano cuando la necesitas y apaciguan tu alma con su perdón.

El invierno es uno de los protagonistas más presentes y a la vez mejor escondido de la novela. El frío, la oscuridad que puede llegar a encontrarse en un mundo sin música, el gris en cada paisaje imaginado por el lector y que forma parte de la mirada de cada uno de los protagonistas, los gruesos abrigos ocultando verdades que a la luz de la primavera quedarían a plena vista, la necesidad de un techo bajo el que refugiarse, del calor que puede llegar a darte otro ser humano con su amistad y que por muchas capas que intentes ponerte, no habrá tela que consiga ofrecerte tal calidez.

Esa amistad es uno de los pilares básicos de la historia que se esconde detrás de La casa de los artistas, y es que la amistad forjada entre Joe y Jaime podría ser la envidia de cualquiera, es esa amistad soñada, rodeada de honestidad, sacrificio, risas y dolor, mentiras que fingen creer cuando la mirada del otro pide que las acepte, porque saben que cuando sea el momento la verdad estará ahí, porque no hay nada que se puedan ocultar eternamente.

 

Anya es una chica irlandesa, sola en la ciudad de Nueva York y con una vida monótona. Va de su habitación al trabajo y del trabajo a su habitación. Cumple con lo que se puede esperar de ella como mujer de la época; dócil, mansa y asustadiza; exceptuando que trabaja en un taller arreglando electrodomésticos.

Cuando se expuso el trabajo que había obtenido la joven tuve ideas contradictorias, por una parte, ¿de verdad en esa época podría haber pasado algo así? Pero otra parte de mi se alegraba de haber salido de esa situación tan arcaica, porque después de todo, es ficción, histórica, pero ficción. Fue un punto a favor de este personaje que cada vez me iría gustando menos, a pesar de su evolución constante por redescubrirse a sí misma y no a ese estereotipo de mujer que la sociedad le ha hecho creer que es.

Anya es una chica llena de inseguridades y miedos, los cuales va afrontando poco a poco gracias a otro de los protagonistas. Éste le enseña a que no se puede vivir siempre con miedo, que hay que plantarles cara y poco a poco vencerlos. Es una tarea ardua y necesita constancia y fuerza de voluntad, pero con el tiempo se consigue. Este es otro de esos importantes mensajes que nos regala la escritora.

 

Jaime es nuestro segundo protagonista, un chico alocado y risueño con el sueño de ser un trompetista famoso. Cualquiera podría pensar que lo más fácil habría sido irse a otro país a probar suerte, pero su amistad con Joe era para él mucho más importante y no se iba a alejar. Triunfaría en Estados Unidos, aunque le costara más debido a esa ley.

Este es el personaje que más me gustó de los tres protagonistas, seguramente porque es el único que parece traer algo de luz a la novela, donde sólo hay caras largas y miedos, él lleva sonrisas y bromas. Aunque sí debo ponerle un pero, y es que no le veo sentido a dejar que tu hijo de 15 años se vaya a otro país sólo con una trompeta bajo el brazo, pero bueno, eran otros tiempos ¿no? Pensemos que es por eso.

Jaime es el típico chico malo con buen corazón y no hay nada de malo en que así sea, porque con él descubrimos que en esta historia no hay extremos con ningún personaje, no son blancos o negros, son grises, como el invierno, como toda la historia. Es la alegría hecha persona, la cual se convierte en una simple sombra de lo que era cuando le arrebatan lo que más quiere.

 

Por último, y no por ello menos importante, tenemos a Joe, un niño rico que se ha alejado de su familia por motivos que descubriremos a lo largo de la novela.

Él nos enseña la importancia de vivir y disfrutar de cada momento, cada pequeño detalle. Gracias Aintzane por estos mensajes tan importantes.

 

Lo que menos me ha gustado de la relación entre los tres protagonistas es la celeridad con la que todo ocurre. No quiero entrar en spoilers, así que no diré más, pero esto junto a otro pequeño detalle ha sido lo que más me ha chirriado de la historia, lo que le ha quitado credibilidad y es una pena.

Durante toda la novela hay un secretismo constante por parte de todos los personajes hacia el lector que tampoco me ha gustado en demasía. En muchas ocasiones no entendías por qué actuaban de cierta forma y lo aceptabas pensando que en algún momento esas dudas se resolverían, saldría la verdad a la luz y todo tendría sentido. Pero no, no es así, esta novela nos deja incógnitas que nunca podremos resolver, más o menos importantes, pero las cuales no nos permiten conocer a los personajes tanto como querríamos.

Son muchos los personajes que se quedan sin terminar de contar su historia, los cuales aparecen haciéndonos creer que tendrán un valor que luego se difumina y nos deja con ganas de más, de saber más de ellos, de lo que los llevó a donde están. En la mayoría de los casos esto sucede con personajes secundarios, pero por desgracia los principales también dejan cabos sueltos que debemos dejar a nuestra imaginación atar.

También hay partes de la historia que se quedan sin una explicación y puedo entender que esto suceda con personajes secundarios, pero con  sucesos que han sido una parte importante del libro, no, me hace sentir que la novela está incompleta. Es una sensación que me acompañó desde poco antes de la mitad del libro y que tuve la esperanza que sólo fueran pequeños huecos que iría completando conforme avanzara la trama y por desgracia no fue así.

 

La casa de los artistas es una historia bonita y triste a la vez, con muchos mensajes importantes a tener en cuenta. Esta novela es como salir a caminar una noche de primavera por tu barrio, el paseo es agradable y no requiere ningún esfuerzo, pero tampoco vas a encontrar nada que te sorprenda, eso es lo que más he echado en falta en este libro, algo que me hiciera erguirme en el sillón, que acelerara mi pulso y me hiciera echarme las manos a la cabeza.

 

Sin título-5Puntuación Sin título-5

Puntuación calcetín 3

Es una novela que recomendaría a un público adolescente/juvenil, porque muchos de sus mensajes son lecciones que te va enseñando la vida, pero que para ellos pueden ser todo un descubrimiento, lo cual podría ayudarles mucho a la hora de afrontar su vida.

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