Hermanas de Óscar Eslava

PortadaTítulo: Hermanas.

Autor: Óscar Eslava.

Editorial: Esdrújula Ediciones.

Género/s: Realista, contemporánea, drama.

Nº de páginas: 270.

Autoconclusivo.

 

Sin título-5 Sinopsis Sin título-5

Marisa tiene todo lo que siempre deseó. O casi. Tiene un marido, una vida ordenada y mucha tranquilidad. Pero cuando se cruza con Carla, se da cuenta de todas las cosas que no tiene, y de que hay otra vida esperándola que podría ser mejor. O no. Pero sería la suya, y no la que otros han decidido por ella.

Carla, loca de dolor tras perder al gran amor de su joven vida, está dispuesta a vengarse de los hombres que, como el marido de Marisa, mantienen a sus mujeres bajo control. Amigas, amantes o, simplemente, hermanas, Carla y Marisa cambian el mundo de la otra para siempre.

Hermanas es una triple novela: una novela de amor, una historia de maltrato y un viaje de descubrimiento hacia la sexualidad lésbica. Es también una utopía, acerca de un presente y un futuro posibles, donde las mujeres puedan dejar atrás las restricciones sociales que les impiden explorar el amor y el deseo para vivir sexo y afecto sin imponerse limitaciones. Una novela sensual, reivindicativa y llena de vida, una apasionada defensa de nuestra libertad y un canto al valor de la sororidad frente a un mundo que se resiste al cambio, muchas veces con violencia.

Sin título-5 Opinión Personal Sin título-5

No es la primera vez que una novela de Óscar Eslava aparece en este blog, sin embargo esta es muy diferente a la anterior. “Hermanas” fue escrita antes que “El futuro que hicimos ” y no tiene nada que ver con su sucesora en las manos de este autor.

A diferencia de “El futuro que hicimos”, una obra coral, en “Hermanas” encontramos  dos pilares protagonistas: Carla y Marisa. Su romance es el eje sobre el que orbitan el resto de tramas. Es un crisol de sentimientos puros, brillantes y nuevos enredados con momentos llenos de miedos oscuros y violentos.

Carla es una chica joven, con carencias emocionales que la han llevado a visitar los lugares más turbios y decadentes de Madrid hasta convertirlos en su hábitat natural. Su primera aparición es enigmática y cuenta con un carisma directo, típico de aquellas personas tan seguras de sí mismas que muestran un control indudable de la situación, tanto que se aproxima a una pareja casada: Germán y Marisa. Ella es todo lo contrario a Carla. Una mujer adulta, con una vida junto a su marido construida ladrillo a ladrillo. Siempre ha seguido unas pautas, las mismas que quedarán obsoletas ante la mirada descarada de Carla, que parece haber llegado para poner su mundo patas arriba… con todo lo que eso conlleva. Lo que era una cita con Germán para tratar de reavivar la llama de su matrimonio acaba con él largándose a casa y ella pasando la noche con la joven. Un crepúsculo desenfrenado, de fiesta, en ambientes muy distintos a los que ella se suele mover. La vida nocturna es agotadora y divertida, nueva y sin duda no como la experimenta habitualmente. Culmina, inesperadamente, con un beso entre ambas. A raíz de ese primer encuentro se cimenta nuestra historia. Con los sentimientos a flor de piel, cada una sigue su camino y para Marisa, eternamente restringida, censurada y con un definido camino recto, marca un antes y un después evidente.

A título personal, cogerle el punto a alguien como Carla me ha supuesto un gran esfuerzo. Su base está clara: una niña que siempre ha obtenido todo salvo lo que quería realmente, un entorno familiar sano y amoroso, atención, amor. Hace y deshace a voluntad, coquetea con la mala vida e incluso con la muerte, con un talante tajante y decidido. Quizá sea esto lo que me produjo cierto chirrido. Un personaje realmente vulnerable en cuestiones sentimentales pero que, en su forma de socializar, es extremadamente hiriente y brusca. Ese carisma que se nos presenta en un principio, a mi juicio, se disipa.

La presencia de Carla es muy cotizada, tanto en las esferas más altas que la han visto crecer, como en los suburbios festivos y desenfrenados que la han moldeado dándole ese toque temerario. Eso no me resultó del todo creíble por cómo trata con el resto, sobre todo con aquellos más adinerados, también porque prácticamente todos son capaces de ver a través de su máscara y pensar en ella desde un prisma compasivo cuando probablemente esa empatía que despierta no debería ser tan evidente. Todos parecen conocerla muy bien para la imagen de lobo solitario y agresivo que se empeña en mostrarnos. Si bien es cierto que ese personaje también demuestra muchas cosas: la indiferencia por las distintas clases sociales, el desmontaje del mito de que el dinero da la felicidad, la desesperación por sentirse querido y por la posibilidad de querer. Carla rompe los esquemas de su época como pocos podrían hacerlo y aunque a veces se observa con un ojo excesivamente crítico también la aceptas. En el fondo sigue siendo una niña. Por otro lado, tenemos a Marisa, el ying y el yang en una misma historia. Ella es una mujer madura que se casó con el hombre del momento, su vida prometedora quedó reducida a convertirse en frutera para sacar adelante su hogar con su sueldo junto al de su marido. Su historia sería la más anodina y normal en el catálogo, el camino que escogían la mayor parte de las féminas. Marisa, a priori, es lo que eligió y además quería, pero tampoco se vio nunca con la posibilidad de tomar otra vía. El equilibrio de poderes en su matrimonio no existe, no hay ninguna igualdad. El hogar es su territorio pero su marido es el rey… hasta la noche que conoce a Carla y algo hace “click” en su cabeza. Esa autoridad que inconscientemente aceptaba de Germán se tambalea y con ello toda su existencia. Se replantea sus decisiones, enfrentándose a una inseguridad y a un miedo atroz, siendo llevada al límite por los sentimientos viscerales que despierta Carla en ella y la realidad que va descubriendo de su cónyuge. Gradualmente vemos al abusador, al maltratador, al monstruo. Al principio solo son pequeñas cosas que nos hacen torcer el gesto o fruncir el ceño pero poco a poco eso se va transformando en una dolorosa certeza, confirmada en las últimas páginas del libro.

Marisa y Carla, de la mano, nos muestran un mundo reivindicativo. No solo por vivir su historia, por aceptar sus emociones respecto a la otra, eso, dentro de lo que cabe, sería una simple historia de amor con dificultades propias de los libros románticos. No, Óscar no se queda ahí. Nos muestra la alianza real entre mujeres que buscan empoderarse, los problemas que una sociedad cerrada podía darles, las normas no verbales y extendidas que las encasillaban, sacar adelante su relación en un mundo donde no es aceptada  pero también como en los lugares más inesperados se les tiende la mano con sororidad. Estamos en un libro lleno de personajes femeninos fuertes, que rompen cadenas y muestran independencia o, al menos, una voluntad arrolladora por ser libres.

Un colectivo femenino tiene mucha fuerza en este tipo de unión que se muestra en la obra, una hermandad que venera la bendición de ser mujer y que lo agradece. Mujeres de todas las edades se reúnen y, Marisa y Carla entre ellas, se sienten parte de algo. Lanza un mensaje muy importante para todas las féminas que lean la novela: no están solas.

Hay que añadir que muchos pueden encontrar chirriante que sea un hombre quien cuente esta historia pero en el lado proclive de esa balanza, considero que es bueno. Óscar es capaz de empatizar con emoción, desenvolver la historia en base a sentimientos que un escritor curtido es capaz de transmitir, independientemente de su género, semejanza o diferencias con sus personajes. Él cuenta una historia y la cuenta calando hondo. Siente la congoja, el miedo, la pasión, la inseguridad, el grito de libertad en la garganta. Y nos lo hace sentir. De nuevo sus capítulos pueden pecar de una extensión demasiado larga pero personalmente se me ha hecho más ameno, quizá porque a diferencia de “El futuro que hicimos” se trata de una novela más personal y sentida, donde avanzas saltando de emoción en emoción en lugar de suceso en suceso. Su narrativa es ya característica: directa y sin complejidades, abordando una sociedad distópica o una historia de amor homosexual en unos tiempos donde eso era prácticamente una declaración de guerra contra el mundo.

Partiendo una lanza en favor a los personajes masculinos de este libro, sí, hay mucha homofobia, mucha supremacía masculina, marcada por los tiempos en los que está narrada… pero también encontramos a un abuelo capaz de defender el beso entre dos mujeres comentando alegremente que Franco, el dictador de su época, ya había muerto. Donde un joven ni siquiera parpadea cuando es consciente de la relación lésbica de las dos protagonistas. Donde, por fin, se contempla de forma natural verlas de la mano y donde son apoyadas sin ningún reparo por las mujeres que aparecen en la novela, al menos la gran parte de ellas. Óscar capta un momento de transición que a ratos nos pone los pelos de punta y a ratos nos da auténtica satisfacción.

Es una novela no exenta de miedos, pero lúcida y que sabe a libertad, a decisiones arriesgadas pero propias. Tanto para lo bueno como para lo malo, los aciertos y los errores.

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De nuevo tenemos que agradecer a Esdrújula Ediciones el darnos a conocer a Óscar Eslava y sus novelas, mostrándonos un escritor interesante y que aporta historias muy diferentes entre sí a la par que emocionantes. Por gustos puedes sentir inclinación a su mundo distópico o a su novela realista pero sin duda demuestra un gran coraje al tratar temas tan distintos.

esdrújulaÓscar Eslava
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